Muchos rostros en una voz

Muchos rostros en una voz

Muchos rostros en una voz es un compilado de historias donde las protagonistas son principalmente mujeres, desde la niña que pierde a su hermana y en su vulnerabilidad se pregunta ¿dónde estarán los Angeles que la cuidaban?, y siente por primera vez la soledad y la muerte, o la mujer que al final de la vida se da cuenta que va perdiendo lo más importante del ser humano: la memoria, los recuerdos, ese miedo profundo de no reconocer su esencia.

Son relatos que exploran los miedos más trascendentales de sus personajes, sus luces y sus sombras.

La única manera de vivir con un mundo sin libertad es llegar a ser tan absolutamente libre que tu misma existencia es un acto de rebelión.

Albert Camus

Fragmento de "Muchos rostros en una voz"

Fragmento de "Muchos rostros en una voz"

Despedidas

 

Me sumo en el fondo de esta noche en la que me abrazan las tristezas, percibo un ligero olor a lluvia, y entre sueños siento que me habla la llovizna y las ventanas de la habitación murmuran, creo que ha llegado el día, me encuentro sin salida.

Una larga enfermedad me tiene retenida en esta cama de hospital, solo las sombras me acompañan y los aparatos que me asisten para seguir en este naufragio que es la vida; si así se le pudiera nombrar.

Por momentos escucho el barullo del otro lado de la puerta y me imagino que son un puñado de abejas guiadas por la abeja de oro al olor a miel que despide mi cuerpo mientras me sumerjo hacia las tinieblas. Están esperando recuperar lo que quede de mí.

Un estremecimiento recorre mi cuerpo y siento cómo el sudor atraviesa mi rostro y recorre las arrugas que se han instalado ahí desde hace algunos años, algunas fueron huellas del camino recorrido, de la angustia, de la ira, de sonrisas, de sonoras carcajadas, del arcoíris de la vida: son el talismán al que se le atribuyen poderes especiales, son simplemente sabiduría.

En el abrigo de la noche, la luz de un relámpago ilumina la habitación y lo veo: un espectro. Un viejo de ojos brillantes como un sol enfurecido, la sonrisa torcida y lanzando una moneda al aire, en ese momento presiento que se está jugando mi destino, el camino hacia la luz o al castigo eterno, pero sonrío y recuerdo que no creo en el más allá si no en el silencio absoluto, donde solo existe la nada.

Se abre lentamente la puerta de la habitación y entra una mujer que al principio me pareció un ángel con alas brillantes, pero después reconozco ese aroma de frutas dulces y vainilla tan característico de mi primogénita, se sienta a mi lado, y con sus manos de luz acaricia mi rostro, sale de mi pecho un gorrión extraviado que emprende el vuelo y cierro los ojos por última vez.

Despedidas

 

Me sumo en el fondo de esta noche en la que me abrazan las tristezas, percibo un ligero olor a lluvia, y entre sueños siento que me habla la llovizna y las ventanas de la habitación murmuran, creo que ha llegado el día, me encuentro sin salida.

Una larga enfermedad me tiene retenida en esta cama de hospital, solo las sombras me acompañan y los aparatos que me asisten para seguir en este naufragio que es la vida; si así se le pudiera nombrar.

Por momentos escucho el barullo del otro lado de la puerta y me imagino que son un puñado de abejas guiadas por la abeja de oro al olor a miel que despide mi cuerpo mientras me sumerjo hacia las tinieblas. Están esperando recuperar lo que quede de mí.

Un estremecimiento recorre mi cuerpo y siento cómo el sudor atraviesa mi rostro y recorre las arrugas que se han instalado ahí desde hace algunos años, algunas fueron huellas del camino recorrido, de la angustia, de la ira, de sonrisas, de sonoras carcajadas, del arcoíris de la vida: son el talismán al que se le atribuyen poderes especiales, son simplemente sabiduría.

En el abrigo de la noche, la luz de un relámpago ilumina la habitación y lo veo: un espectro. Un viejo de ojos brillantes como un sol enfurecido, la sonrisa torcida y lanzando una moneda al aire, en ese momento presiento que se está jugando mi destino, el camino hacia la luz o al castigo eterno, pero sonrío y recuerdo que no creo en el más allá si no en el silencio absoluto, donde solo existe la nada.

Se abre lentamente la puerta de la habitación y entra una mujer que al principio me pareció un ángel con alas brillantes, pero después reconozco ese aroma de frutas dulces y vainilla tan característico de mi primogénita, se sienta a mi lado, y con sus manos de luz acaricia mi rostro, sale de mi pecho un gorrión extraviado que emprende el vuelo y cierro los ojos por última vez.

La única manera de vivir con un mundo sin libertad es llegar a ser tan absolutamente libre que tu misma existencia es un acto de rebelión.

Albert Camus

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